30 años de un seudónimo

Adán de Maríass: unos creen que es mi nombre verdadero, otros desconocen, y los más cercanos sí saben que mi verdadero nombre es Miguel Ángel Colán Ramos. Ya lo dijo la amable y distinguida escritora y amiga Mercedes Rodríguez Cervantes que soy un escritor muy detallista en cuanto a las fechas de todo lo que me ha ocurrido en tres décadas de estar sumergido en el microcosmo literario. Bajo y sobre ese seudónimo ha corrido mucha tinta como se dice. Aunque no me lo crean me siento más identificado con mi nombre de escritor. Es que amo y no me avergüenza publicar todo lo que escribo. Mi pudor, mi propia intimidad nunca se aleja, está entre líneas. No escribo para el aplausómetro, ni para que me entiendan. En principio escribo no solo porque tenga ganas, en mi concepto, escribir se incorpora orgánicamente a mi respiración, escribo como respirando, aunque muchas veces tosa demasiado, y no me salgan las frases, los párrafos como yo quiero. El mal tiempo (la sequía) dicen unos, y yo digo que las musas muchas veces no acudan a mi llamado, a pesar de mi reiterada insistencia al tocar el timbre, no me abren la puerta. Son treinta años de haber creado este seudónimo hoy 26 de agosto, y mis fieles compañeros son Internet y mis lectores, que sin ellos Adán de Maríass no existiría. Les agradezco la gentileza al leer y comentar mis textos, así me siento menos solitario. Soy acrofóbico desde niño, y trato de conversar con ese mismo niño que tiene unas ocurrencias de personaje dickensiano. En fin el tiempo siempre me está observando y camino a su ritmo, es inevitable, como inevitable es que me tenga que morir y solo Dios sabe si Adán de Maríass será siempre leído, es que suceden tantas cosas. Prefiero refugiarme en las melodías que siempre son buenas vecinas de mi mejor ánimo, donde me siento en estado de creación permanente. Así pasaron estos treinta años y donde ya dejó Adán de Maríass de estar entre paréntesis. Hoy asumo con firme convicción mi propio destino de escritor, y me siento muy feliz de poder crear para ustedes.

Poema del nuevo año

atento con el desarrollo del último día del año

no se enumeran las expectativas

tampoco ordeno las ideas

saltar como una poderosa ficción desde el fondo de tantos libros leídos

me siento libre cuando toco las campanas

es señal de que se vienen nuevos proyectos

un nuevo año es acercarse más hacia algo que lo estás viendo

la distancia es un proceso emocional y físico

cuando te alimentas de muchos vacíos y muchos tiempos

saludo este último minuto este último episodio este último segundo

abrazado a las ilusiones vestido de perseverancias

feliz año sonriéndole a todo lo que me mira

Las páginas del día

Siempre trato de levantarme temprano, y cuando tengo que madrugar me despierto temprano: es decir no duermo nada. En estas circunstancias busco salir de casa para re-oxigenarme, el tema es que llego con tanto oxigeno que luego me quedo dormido en mi sillón favorito: modelo pata de cuchara.

Eso de recuperar las horas perdidas no es cuento es descuento.

Recibí la urgente nota por parte de una amiga uruguaya de colaborar con un poema, pero decidí enviarlo a un concurso que posteriormente no gané y sospecho que ni lo leyeron, no necesito de mucho espacio para decirles que me arrepiento. Aquí el poema titulado «Desde que tengo memoria»:

Desde que tengo memoria

siempre fue lo mismo

va viene sucede nunca está

la filosofía umbilical los gestos de mi madre

donde se hizo mi destino nervioso y consistente

las durezas sonrientes de mi extraordinario papá

bautizado libre y encadenado a la vez

articulado los huesos frágiles la sangre inquieta

y mucha lluvia debajo de los pies

asomar por la ventana de la vida

se abre el recorrido del primer amanecer

mi pequeñito mundo la juguetona vejez de girar y gritar

urbano transitar de esos muchos zapatos el desgastar

buscando desayunar algo

cenar la rabiosa intranquilidad por un día cerrado

las ayudas destinatarias nunca llegan

no exagero nunca si digo que me quiero comer

todo lo que tenga sabor a verdad

diferente la música distinta

de quien la oye cuesta abajo

desviando las tristes interferencias del fracaso

bailo pegado a mi mismo

adelanto pasos caigo hacia atrás

un soplo de endiablados ritmos me quita proximidad

negándome el imprescindible acto

de acercarme un poquito más

culpable de distancias ruego

dejarme desabotonar mis espacios

acomodarme con sutileza y tocar

todos los rostros de mis años vividos

a ver si alguna me regala una amplia sonrisa

que tenga sana relación con la felicidad

saber que la historia no acontece

desde el cero ni con muchas cruces

supongo que Él fue el único que se atrevió

dicho así somos el origen explosivo de un antiguo atrevimiento

la cansada estadística de la sobrepoblación

lo confirma la locura el abuso y la mediocridad

la impoluta desvergüenza de una modernidad pobre y descarada

dicho todo esto me pongo la graciosa subjetividad de una máscara

y así sucesivamente incontables máscaras pasan ante mis ojos

el desfile gratuito de mezclarme con todos ellos

la picante impotencia de no saber quien es cual

la andrajosa reunión de los pelos parados de punta

vaya usted a saber si es cierta tanta realidad

Pasaron los días, y me olvidé del poema en mención. Estuve ocupado en otras cosas, y leyendo autores que ya tenía apuntados en mi cuaderno azul, que por cierto tengo de varios colores según los tópicos menos el de color blanco. No suelo subrayar los libros, muy rara vez lo hago, las frases que me interesen los transcribo en Word, y pongo la fecha.

Hasta que una densa noche (las nueve) me quedé dormido con un libro entre mis manos. Desperté horas antes del amanecer, con una imagen fija como si estuviera en el centro vulnerable de mi pensamiento. Esa imagen no corresponde a mi realidad, y lo que me preocupa es que se está haciendo realidad, está tratando de llamar mi atención, y yo ingreso por los contornos para evitarla. Ahora esa imagen escandalosamente se alarga y quiere ocupar todos los espacios del tiempo que he vivido. Pongo música para bailar aunque sea pegado a mi mismo, y de repente la luz fue cayendo como un cuchillo hasta atravesar el piso y todo se volvió oscuridad, adelanto pasos y caigo hacia atrás, en ese instante me levanta un presentimiento.

Desde que tengo memoria el agua y la oscuridad fueron mis compañeros elementos de subsistencia. El agua de mis primeros años siempre mantuvo su brillo porque era un niño curioso con ganas de aprender y también de no hacer caso. Ahora que tengo un poco más de estatura, y más años, veo todo más lejano como si estuviera retrocediendo. Eso a mi doctora no le preocupa, a excepción de conservar un aspecto saludable con mejor ritmo vital y menos carencias.

No puedo ocultar que digo cosas que no debo decir, ya sea en verso libre o en prosa. Respiro bien en verso libre, y camino despacio con mucho cuidado a través de la prosa. Me enseñaron a creer pocas veces, y dentro de esa geografía personal lo comprimido resulta necesario.

Los números de 2014

Los maestros de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Agradezco de corazón vuestras gentiles visitas y comentarios a mi Blog. Espero que en el nuevo año 2015 me sigan visitando y comentando. Son bienvenidos siempre, les dejo la puerta abierta…

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 310 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 5 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Balance

Penúltimo día del año 2014. El año me quedó corto. El esperado balance de todo lo actuado grafica una sonrisa que quiere salir de una mueca triste. Las noticias que he posteado todo el año a través de los diarios del mundo no son para lamentos, sino para reflexionar ante tantas injusticias, masacres y sangres acumuladas. La vida se tiñe de muchos colores tristes, y no hay tiempo para absorber inacciones.
Creo en un nuevo giro, un cambio de rumbo, una real toma de conciencia, que nos haga despertar, y tenerle más respeto y un mejor concepto a la vida misma.
La vida es bella desde diferentes perspectivas pero no hay que mancharla o asfixiarla todos los días.
Los protagonistas de esta historia somos nosotros y hay que escribir un mejor guion personal. Construir y reconstruir, leer y releer, aplaudir y guardar el silencio debido, reír y llorar, mirar y no mirar.
Respiramos tiempo y prisa todos los días. Hay que agotar todos los esfuerzos y no dejar para mañana ningún suceso o acción por hacer.
Nos vestimos con las primeras ilusiones del nuevo amanecer y que los repetidos fracasos no nos desnuden de mala manera.
Siempre hay oportunidades que giran alrededor de uno, sé un hábil cazador y un noble ejecutor de los éxitos.
Escúchense a sí mismos, y empiecen el viaje…

Historias naturales, entre la ferocidad, la ternura y el desasosiego

Todas las palabras y todas las imágenes de estos cinco cuentos que componen El matrimonio de los peces rojos de Guadalupe Nettel, están articuladas por un interesante mecanismo narrativo donde el lector se siente identificado, abordado por la asociación de analogías entre los animales y los seres humanos ya sea por la ferocidad, el aislamiento, la curiosidad, el desasosiego, los celos, las rupturas, las convivencias. A través de catorce años (tuvo en mente la autora el germen, los escenarios, los argumentos del libro) es el tiempo que van apareciendo, comunicándose, los personajes o protagonistas de estos cinco cuentos. El primer cuento que abre el libro transita desde el inicio con la muerte del pez rojo llamado Oblomov, y termina con la separación del personaje llamado Vincent y su esposa. Es un cuento espejo como dice la autora entre los peces Betta y un matrimonio. Y tiene tres frases que invitan a leer el  cuento completo «flotando como un pétalo de amapola en la superficie de un estanque», «y me asomé a la pecera como quien consulta un oráculo», «nuestra relación siguió su curso paulatino hacia la putrefacción». Ella (no tiene nombre en el cuento) lleva la voz narrativa, la que nos va contando el comienzo de su relación conyugal y su posterior derrumbe. Su hija Lila de apenas meses de edad, es quien observa todo al igual que Oblomov desde su pecera. El segundo cuento «Guerra en los basureros» tiene una atmósfera intimidante, es el profesor de biología quien nos va contando su niñez, el divorcio de sus padres y luego cuando es criado por la hermana mayor de su madre, la tía Claudine, quien le acondicionó un lugar en la azotea, entre la cocina y el cuarto de servicio. A mitad del cuento aparecen las cucarachas, y luego la posterior invasión de estos insectos en la casa. Tuvieron que aprender a convivir con ellas con una mezcla contradictoria de furia y ternura. Aquí encuentro frases concomitantes como: «—Si no la levantas y te deshaces de ella —me dijo, vendrán a buscarla sus parientes», «como hacían todos los hijos de padres divorciados a los que yo venía observando desde hacía tiempo en la escuela, con la misma curiosidad con que uno mira a las víctimas de una guerra civil». En el tercer cuento «Felina» nos habla sobre el tema de la maternidad, un paralelismo entre el embarazo de su gata Greta, y su propio embarazo que sucede cuando estaba terminando una licenciatura en historia, encuentro sexual con un compañero de la facultad llamado Ander. El alumbramiento de los seis gatitos de Greta y la pérdida del feto de la aplicada estudiante muestran el tema insoslayable de la vida y la muerte, del nacimiento y el vacío. En el cuarto cuento titulado «Hongos» que es narrado en primera persona al igual que los otros cuentos, y narrado por una voz femenina como en el primer y tercer cuento, nos cuenta del hongo que tuvo su madre en una uña del pie, y luego hace todo un recorrido visual y narrativo de su matrimonio y separación con Mauricio quien era director de la Escuela Nacional de Música, y ella una importante violinista. Hasta que se interrumpe por un acto de infidelidad con Philippe Laval un reconocido violinista y director musical quien estaba casado por más de dieciocho años con Catherine con quien tenía tres hijas mujeres, mientras ella no puede tener hijos con Mauricio. Un día los hongos aparecieron en su entrepierna y lejos de erradicarlos visitando a un ginecólogo dejó que vivieran allí. Una frase que está en este cuento: «Los parásitos —ahora lo sé— somos seres insatisfechos por naturaleza. Nunca son suficientes ni el alimento ni la atención que recibimos». En el último cuento que cierra el libro titulado «La serpiente de Beijín» es narrado por una voz masculina como en el segundo cuento del libro, donde leemos la historia de Michel Hersant (tiene el mismo nombre del padre) con su madre actriz y el padre un destacado dramaturgo quien destruye su matrimonio cometiendo adulterio (cuando hizo un viaje de cinco semanas a Beijín) con una menor de edad llamada Zhou Xun a quien luego nunca más volverá a ver, ni él tampoco regresará. Esta es la razón por la que compró una serpiente para ponerla en un terrario y observarla todos los días como esta hembra extrañaba a su macho.

Leer y respirar estos cinco cuentos es toda una aventura emocional y muchas veces uno se siente asociado a los temas incluidos en este libro. Escrito con un lenguaje sobrio, intrigante, solo las palabras necesarias que acompañen al lector para que la obra con el paso del tiempo siga creciendo mucho más.

 

 

 

 

O.V.N.I

Durante muchos años me resistí a contarlo. Por una simple razón: el temor a quedar en ridículo, que como persona pierda credibilidad, y siembre dudas o negativos juicios sobre mi comportamiento.

Hoy todo es distinto, ya estoy sumergido en las redes sociales, y no pretendo que me crean, ni que me lean, lo cuento como parte de una terapia personal, para sanear los laberínticos archivos de mi mente que siempre fue seducido por estos temas apasionantes y misteriosos de lo sobrenatural y extraterrenal.

La primera vez que vi un O.V.N.I., fue por el año de 1972. Tenía doce años, lo recuerdo como si nuevamente lo estuviera viendo ahora mismo, aunque de manera borrosa, pero lo veo, es que han pasado tantos años.

Las circunstancias en que lo vi fue cuando al salir de mi casa, en esa época los muchachos de mi generación jugábamos fútbol en plena calle, pero esa noche no hubo fútbol pero sí una experiencia que hasta el día de hoy no sé explicar. Añado que en esos años tenía la costumbre de mirar las estrellas, se me hizo un hábito, creo que porque estaba de moda la serie que daban por televisión ‘Los Invasores’. Al mirar hacia lo alto del cielo nocturno, lo vi, y lo primero que se me ocurrió preguntarme fue, ¿qué hace eso allá arriba?, para empezar me sentí como falto de distancia ante semejante experiencia, me fui a casa y me metí a la cama, me quedé dormido temprano, antes de la hora acostumbrada.

La segunda vez fue por el año de 1998, una noche en que vivíamos en una casa preciosa (muy amplia con dos jardines, uno afuera cuyo ventanal daba al comedor de la cocina, y otro dentro de la casa contigua a la sala) en el distrito de San Borja (aun vivía con mis padres y mis hermanas) yo vivía en el piso de arriba donde podía contemplar la calle, los autos pasar, las personas transitar, eso sí era un lugar tranquilo, precisamente la tranquilidad que necesito para escribir, esa noche terminé de cenar y antes de entrar a mi habitación, caminé un poco por ese patio como haciendo un poco de tiempo antes de ponerme a escribir nuevamente, y mientras miraba hacia la calle donde no habían personas transitando, todos en su casa, miré hacia arriba, ya les dije que tengo ese hábito, vi un O.V.N.I, me quedé impresionado, ya contaba con treintaiocho años de edad, no le quité la mirada, estaba con la mirada fija en ese O.V.N.I., lo primero que hice fue llamar a mi sobrino, a gritos, pensé que tenía que tener un testigo porque la primera vez estaba solo parado en la vereda, en plena calle, mirando ese objeto extraño, y no tenía la estatura mental para entenderlo, menos la consistencia emocional para aceptarlo. Ambos nos quedamos impresionados, mi sobrino bajó las escaleras, lo sentí asustado, yo me quedé allí mirándolo, desafiante, sin perder la perspectiva, cuando para mi sorpresa el O.V.N.I. fue viniendo hacia mí, no podía creerlo, esa es la sensación que tuve, si estaba tan arriba, su inusual velocidad me perturbó, lo único que hice fue correr hacia mi habitación. Esta experiencia no la olvidaré nunca.  Me pregunto, y me sigo preguntando ¿Por qué el O.V.N.I. vino hacia mí?, es una pregunta que sigue girando dentro de mi mente. Ahora pienso que me hubiera quedado quieto hasta ver las consecuencias,  pero era muy arriesgado.

Nunca he visto un círculo de Ovnis en el cielo, sino solamente un O.V.N.I. , de todas las cosas sobrenaturales que he pasado en mi vida hasta el día de hoy, añado estas.

La última ha sido este año, 2013, como a las nueve de la noche, venía de trabajar con mi primo, cuando regresábamos, a media cuadra para llegar a la esquina de la avenida Tacna con el jirón Moquegua, sentí que mi primo quien caminaba a mi lado me advertía de algo, y me señalaba hacia arriba, y por tercera vez vi un O.V.N.I. que daba la impresión de volar a  baja altura, por sobre las azoteas de los edificios colindantes, lo curioso es que me parece, nadie se dio por enterado, solo nosotros, tal vez por el bullicio del lugar donde estábamos, el ruido de los autos es terrible a esas horas, aceleramos el paso, para intentar ver hacia donde se iba, porque salió de nuestra visión por entre los edificios altos, Avanzamos cuadra y media pero ya no estaba, seguíamos mirando hacia arriba, pero ya había desaparecido. Antes de que mi primo se fuera a su casa, nos hicimos muchas preguntas, y las respuestas nunca estuvieron debajo de las preguntas, esos espacios en blanco hasta el día de hoy son una muestra de no poder explicar ni explicarme lo acontecido.

Con estas tres breves experiencias que tuve con la aparición de un O.V.N.I., vuelvo a reiterar que no pretendo que me crean, ni nada de lo escrito es falso, todo corresponde a la veraz realidad de los hechos.

Espero que para la próxima tenga una cámara donde las fotos sean prueba material como testigos de lo que puede suceder cuando uno se encuentra con un O.V.N.I., solo cuento con lo que he vivido, dos testigos y un mar de preguntas.

El ser que vivo

Hace unas horas puse en mi muro de facebook: «¡Feliz día Mamá! Hoy no tengo palabras, tengo suspiros y muchos pensamientos». Y también hace un instante en twitter el papa Francisco escribió «El amor de una madre es el combustible que hace que un ser humano logre lo imposible. Feliz día de la Madre». Pretendo acercar las dos frases a pesar de la distancia, mientras me viene a la mente lo que alguna vez hace exactamente diez años escribí para mi padre, como una necesaria frase de consuelo ante el fallecimiento del ser querido, «papá Jorge nunca es tarde para querernos más».

El tiempo vuela escucho a alguien, y yo añado, «el tiempo es como una aspiradora gigante, y la muerte está allí dentro de la bolsa esperándonos». Uno no puede estar mirando desaprensivo, la vida pasar o transitar. Uno tiene que ser leal protagonista y consecuente con uno mismo. No ser ajeno, ni triste pasajero de la vida en trance.

Nueve meses en el vientre de la madre, una breve eternidad de lazos afectivos establecidos entre la madre y el bebé. Nada se compara con la amorosa y dolorosa intensidad de la vida ni siquiera la ridícula pretensión de la muerte. Cuantas cosas habré pensado estando en el vientre de mi madre, eso de ‘pensado’ me lo permite la más risueña nostalgia de mis adentros, desde donde siempre voy y vengo como un viaje repetitivo donde las dudas, los placeres, los temores y las falsas alegrías, me son familiares.

Es la sinopsis existencial o la rigurosa biografía: nacer, crecer, vivir, y morir. Nada nos aleja de ello. Salvo lo que estuvo destinado y no fue, por diversas circunstancias que solo Dios sabe.

 Imagen

El Lector

Muchos libros he leído, así como otros muchos libros que no he leído, ya sea por factor tiempo, ganas. Me considero un autor que escribe mirando mucho los posibles gestos del lector. Y esto distrae demasiado todo lo que estoy escribiendo, hasta mostrarse como un desorden que no ayuda a leerse con claridad y lucidez el texto escrito. Procuro entonces no sumarle faltas de ortografía al texto, y escribir tranquilo, concentrado, dentro de la propia música con volumen bajo de mis pensamientos, construyendo personajes que caminen libremente dentro de la atmósfera del argumento, que se sientan como en casa, con mucha naturalidad. Pasa que si uno robotiza los personajes, no les da una buena caracterización, decaen los diálogos, el ritmo de la narración ya no es trepidante, no tiene el don de fluir como dice mi amigo Drexler, sino languidece, entonces el lector se aburrirá y su inmediata acción será cerrar el libro.

Es como un enlace, autor-obra-editor-lector, si no funciona este enlace se caen todos los estantes. Pienso que el autor tiene una obligación personal con escribir un libro por lo menos interesante, bien escrito, y no cualquier imitación de gran obra, tan promocionada en los circuitos literarios. El lector adquiere una obra y paga por su interés y curiosidad, entonces se me hace justo que no se le estafe con una obra mal editada y peor mal escrita. Cuando se abre un libro se origina una actitud pasiva, alguna interrogante o un entusiasmo contagiante. Menciono al escritor Julio Cortázar cuando usa la expresión lector-hembra que exige la participación activa del lector, es decir como si fuera un coautor. O la otra expresión de lectores cómplices como si estuvieran un pacto con la obra misma y no tanto  con el autor. Es interesante observar desde otro punto de vista que el lector existe mientras la obra respire, es decir tenga vida, porque conozco de muchos libros que a pesar de estar publicados ya están muertos al llegar a las librerías, y eso que vienen con intensa publicidad. El libro para mí es más que un objeto cultural, es una materia palpitante con ganas de ser leída muchas veces. El lector al llegar a la última página por fin quedará complacido, o en todo caso no pasará de las páginas hasta donde pueda soportarse una amarga lectura ante una obra mal escrita. Ese enlace vital: autor-obra-editor-lector es como un romance que debe estar siempre en permanente renovación.

Me (1)

Me impactan y encantan las canciones de Juan Luis Guerra tienen y contienen un efecto en mí que me impulsan a bailar y a soñar. Me adentran los sustanciales escritos del iluminado César Vallejo cuando hace de su artesanal gramática toda una poética fiesta dolorosa y pasional. Me identifico con las alucinantes visiones pictóricas de Edward Hopper y su aplastante originalidad. Me resulta gratificante y valioso leer y captar todo el variopinto talento narrativo de Claudia Piñeiro al revelarnos la profunda  impronta de su exquisita sensibilidad. Me entusiasmaba ver cuando niño al evocar a mi padrino José Carlos Mantero Aris todo un personaje argentino siendo peruano, el ché, su cantar tanguero, su don de gente y el buen vestir tan característico en él. Me sumo a los eternos honores por el Caballero de los Mares don Miguel Grau Seminario, peruano ilustre, estratega eficaz ante lo adverso, incansable protagonista y activo heroísmo que se historia inmortal cuando entramos admirados en el respetuoso y extenso mar de Grau. Me inquietan los ebrios versares de Sabina y su contagiosa chispa, todo en él se poliniza y se adjetiva. Me intimida la tímida belleza inolvidable de la recordada Marilyn Monroe. Me posterga tanta genialidad y poderoso realismo de León Tolstoi. Me cambian los faros del horizonte imaginario cuando absorbo fascinado la escritura fabuladora de García Márquez. Me llevan desde Rosario hacia otras galaxias las canciones aventureras del pianísimo y deslumbrante Fito Páez. Me voy y ya regreso para que no se agote inesperadamente lo que va a continuar…