La mujer

Salí del Renault recién comprado, no era muy tarde, apagué la televisión, dejé en el sillón varias revistas, y mi maletín de color granate, mi mujer aparentemente cansada se había quedado dormida, la levanté con cuidado, la llevé a nuestra habitación, porque no tengo actitudes machistas ni conductas psicopáticas para maltratarla y someterla.  Mi mujer pesa 52 kilos, de 155 centímetros de estatura, ojos verdes, cabello castaño, piel muy suave y una mirada muy fija. Besa muy rico pero nunca me dice nada, ese es nuestro primer impasse. Tengo que comprender que es de fabricación sintética, dignas del último invento «high-tech», en la cama es una muñeca sexual hecha a mis expectativas.

Pero me engaño, no hay como una verdadera mujer  que se sepa querer a sí misma, yo valoro su gran inteligencia, su sensibilidad sin hacerla extrema, y también resalto sus defectos y virtudes, su perfecta anatomía, el tener un esqueleto bien constituido por calcificados 206 huesos, precisamente sus sensuales movimientos que le proporcionan sus 650 músculos individuales bien fijados al esqueleto, unos senos aceptables, nada de siliconas, un clítoris que mida 13 centímetros y no esté tan oculto, un ombligo bien delineado, unas piernas largas sin várices, una sonrisa legítima y en lo posible sin caries, unos brazos sin vellosidad y sin tatuajes, unos labios carnosos como Angelina Jolie, pero eso sí nada de piercing, no necesita teñirse el cabello, porque eso le puede producir una reacción alérgica, y luego un terrible estado comatoso.

Como nos dice la canción del catalán Joan Manuel Serrat « La mujer que yo quiero, me ató a su yunta, para sembrar la tierra de punta a punta, de un amor que nos habla con voz de sabio, y tiene de mujer, la piel y los labios», pero no comparto lo de Francisco Umbral cuando dice en actitud misógina, «A uno la violación le parece el estado natural/sexual del hombre. La hembra violada parece que tiene otro sabor, como la liebre de monte. Nosotros ya sólo gozamos mujeres de piscifactoría».

Nunca olvidemos que estuvimos en el vientre materno durante aproximadamente nueve meses, de allí me surge la idea o asociación del parto/partir del recién nacido para completar toda la evolución de la especie humana. La mujer no necesita de un «Día internacional de la mujer» ni de sospechosos «concursos de belleza», ni de «competencias de alto riesgo». La mujer en pleno siglo XXI debe ser valorada en toda su exacta dimensión de ser humano, y no ser tratada como una animal yendo al matadero para ser sacrificada una vez más, pero desgraciadamente las estadísticas oficiales no mienten, y se la sigue maltratando, asesinando, ¿hasta cuándo? Realmente vivimos en la hipócrita dicotomía civilización y barbarie. El presente y futuro de la valorización de la mujer tiene muchísimos nubarrones, incontables espejos rotos, cunas ensangrentadas, gritos silenciados, infinidad de cuerpos de mujeres hundidos en la tierra más cómplice e infernal.

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