Diluir el tiempo

Se trata de vivir de la mejor manera, pero el inexorable paso del tiempo abruma cualquier iniciativa personal. Uno siempre intenta sacudirse de una buena cantidad de obstáculos, y en ese férreo combate o se gana o se pierde, pero ojo el tiempo no se detiene sigue su curso sin distraerse, sólo la ineluctable muerte tiene el poder de hacerlo.

Porque uno está concentrado en diversas actividades que a diario te exige mucha responsabilidad y eficiencia, pero ante cualquier pretexto emocional detienes tu labor y te pones a pensar en cosas aparentemente intrascendentes, pero visto desde otra dimensión tienen el residuo de una provechosa utilidad. Ideas como visiones que la poderosa ambición proyecta, rescatándola del ninguneo fácil que da la depresiva carencia de autoestima.

El día tras día resume la consistencia del empeño o el prurito que uno le debe poner a las cosas. No doblegarse, no bajar la cabeza, empezar con las pilas bien recargadas, con el panorama limpio delante de uno, nada nublado que enturbie el paisaje cotidiano de nuestras expectativas. Puesto y rodeado de mucho cemento y escaso verde por todos lados, camino libremente por los tránsitos de la vida escuchando la armoniosa sinfonía de mis adentros, listo para el combate diario, la sublime importancia de ser mejor cada día. Por eso lo de diluir el tiempo, no estar apoltronado mirando como vienen y van las circunstancias, sino que uno tiene el deber de tener un rol activo en los fundamentos existenciales de su propia  vida. Por donde voy escucho del habla popular el ‘ya fuiste’, y uno tontamente se deja abatir o se relativiza, sin darle vuelta a las cosas.

La vida misma es un constante luchar y luchar, manejar bien nuestros propósitos, no aumentar demasiado la velocidad del pensamiento, no enrarecer nuestro lenguaje cotidiano.

Observo que los jóvenes (con excepciones) de hoy tienen muchísimo de humo y de chusma. Su insolencia es tal que desperdician la vida creyendo en eso de que ‘uno vive como le da la gana’. Sí pues. Viven tan acelerados que se confunden y se atropellan entre ellos, en ese cretino actuar de creer que están por encima de las personas.

El mejor espejo para verse reflejado es la sinceridad, sin ella no vamos hacia ningún lado. Es engañarnos, hacerle trampa a los latidos del corazón, falsear los pasos, vivir ajenamente, respirar el oxígeno del otro.

Entiendo que la vida cuando es demasiado lineal ya aburre, vivir paisajeado de sobresaltos, aventuras, atrevimientos, enriquece la perspectiva vital. Digo que no se debe pedir permiso para vivir sino entrar con todo. Sí se puede, claro que sí. Esa es la mayor convicción que uno debe escucharla y sentirla todos los días de nuestras vidas.

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